lunes, 14 de septiembre de 2009

Renato Ortiz

El riesgo del aislamiento y estar quietos dentro del cambio

Por Carlos Zaffore


Renato Ortiz, es un importante antropólogo y sociólogo brasileño. Fue uno de los primeros en plantear en América latina la cuestión de la globalización cuando apenas despuntaba como tema. Estos días estuvo en Buenos Aires, con motivo de un nuevo libro suyo sobre el predominio del idioma inglés en las ciencias sociales. El diario La Nación publicó un reportaje en el que, además del tema de su último libro y otros, vuelve a la cuestión de la globalización, señalando que se ha abandonado la reflexión sobre la cuestión y que existen visiones simplificadas: una mirada optimista acrítica de los neoliberales, por un lado, y un enfoque limitado a la denuncia por el otro, pero no abordajes profundos.

Es exacto, y a nuestro juicio es expresión de una declinación general de la reflexión teórica y de la política. Declinación también de la política práctica, viciada de electoralismo cuando no de oportunismo y carente en general de perspectivas estratégicas y de proyecto. Pero vayamos al tema de la globalización, sobre la cuál el reportaje a Ortiz, aunque no compartamos todas sus posiciones, nos ha estimulado a volver a pensar y a hacer una breve puesta a punto. Partamos de un párrafo del pensador brasileño en ese reportaje: “Se habla mucho de la esfera civil, de la sociedad civil mundial, pero la verdad es que no existe. Es interesante pensar en ella como una metáfora, pero en la realidad no existe una sociedad global, y no va a existir. Lo que hay es una situación de globalización, donde están los países, las clases sociales, los individuos, pero no hay una sociedad global. Hoy hay un montón de equívocos, como que el mundo es un mundo integrado. No. No es nada integrado. Sí es un mundo conectado, pero conexión e integración son cosas distintas”.

Nuestro enfoque, que lo basamos en nuestro libro “La Argentina y la Segunda Muerte de Aristóteles”, es el siguiente: La globalización es una fase del desarrollo del capitalismo, no es una forma más de internacionalización del capital como lo expusieron en su momento textos marxistas como los de Lenin ni una forma emparentada con las acciones económicas y políticas más allá de las fronteras del tipo de las antiguas Grecia y Roma o las ciudades italianas del Renacimiento como exponen algunos análisis superficiales recientes. La globalización supone por tanto nuevas relaciones de producción y nuevas relaciones sociales. Esas nuevas relaciones, aunque la literatura teórica por ahora las haya sacado de foco, como dice Ortiz, siguen operando en el ciclo largo y se irán consolidando.

Siguiendo con nuestro enfoque, digamos que la globalización es un proceso que en la actual etapa de su desenvolvimiento no anula a las naciones. Globalización y naciones coexisten, hay un proceso mundial global pero a la vez las sociedades y los Estados se organizan como naciones, y, vale subrayarlo, defienden intereses “nacionales”. Si duda será así en un proceso largo, pero no está escrito que ese proceso será eterno. Las naciones son categorías históricas y en consecuencia temporalmente finitas, no existieron hasta los siglos XVI y XVII y seguramente no existirán en un tiempo aunque éste todavía no aparece en nuestro horizonte conceptual. No haríamos una afirmación tan rotunda como la de Renato Ortiz de que nunca existirá sociedad mundial. Las categorías históricas son eso, históricas, no “eternas como el agua y el aire” como diría el verso de Borges.

Pero al margen de diferencias con Ortiz, concordamos que se vive una etapa de la humanidad en que hay relaciones globales y alta interconexión. A los fines teóricos y estratégicos las diferencias son importantes, pero a los fines prácticos no lo son tanto. La actual etapa de la humanidad plantea a las naciones desafíos de inserción en el mundo, de aprovechar sus oportunidades y de evitar sus riesgos. Es una etapa en la que no es concebible el aislamiento, que en el largo plazo implicaría la muerte.

No es el mundo bipolar de la guerra fría, ni las nuevas formulas multipolares con nuevos actores (China, India, Europa) tiene las formas rígidas y limitantes del pasado, hay un clima político “global” y en él deben actuar las naciones en defensa, como dijimos, de sus intereses nacionales. Deben actuar con los instrumentos adecuados a esos nuevos tiempos.

Lo que es inconcebible, repetimos, en este mundo globalizado, o interconectado como prefiere Ortiz, es el aislamiento. Y ese aspecto de la teoría alimenta nuestra preocupación sobre la práctica política de la Argentina de hoy, el kirchnerismo como expresión política claramente anacrónica, ignorante de los cambios operados en el contexto mundial y carente de políticas, pone al país fuera de un mundo rico de posibilidades y lo somete al peor de los riesgos: no participar de los cambios políticos, ideológicos, sociales, económicos, científicos y tecnológicos. Es estar pegados a viejos mitos, a viejos discursos, a aliados ridículamente anacrónicos, es estar estáticos en un mundo en permanente movimiento
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Artículo publicado en www.portalcero.com.ar
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